El trabajo os hará libres

Cómo trabajan los humanos. Conocen placeres, es cierto, pero trabajando para costearlos, los olvidan. ¿No es triste?  Arman pirámides, torres, edificios, tan altos, pero ellos mismos están acabados. Las hormigas y los humanos no pueden no laborar: es su estilo. Y cuando no lo hacen son azotados, aplastados en el piso helado. Arbet macht frei, era el lema de un lugar donde se trabajó mucho. Un lugar donde muchos murieron, también:  y puede que muertos sigan trabajando.

Amanecer

La vida es ruda y tienes un bebé y estás sola y los días se borran y estás sola y es tu alma y la de esa leve criatura que nunca tuvo padre, y necesariamente la vida es ruda, muy ruda, cuando tienes un bebé, y no tienes dinero, los oleajes, las cuentas, las horas, las horribles, te van esquinando, y la casa está muy sucia, y el vino está muy viejo, y tú estás tan gris, tan sola, salvo por el bebé, como envuelto en una cálida tiniebla, tan sola, sin mediodía, libando un vino viejo hecho de dos soledades, y es como si ambos, el bebé y tú, estuvieran perdidos en una tempestad de sábanas sucias, como si tú y el bebé intentaran a toda costa respirar, y la asfixia fuera un alarido de pánico quieto que susurra: todo da lo mismo, todo da igual, y un frío se va afianzando, entre los pliegues, que pronto serán alumbrados por el amanecer.

Dos

Me tomas por un ser muy poco docto. Me tomas por un imbécil, realmente. Déjame ver si entendí bien. Dices ser, no uno, sino dos. Dices estar atrapado, con un homicida, en un mismo cuerpo. Aseguras que la persona que ha conjurado toda esa sangre, la masacre de la cual todos los medios hablan y hablan, no eres tú, sino el otro. Que el otro más bien fue quien lanzó el camión contra la muchedumbre en fuga. Es una bonita historia, realmente bonita. Pero da asco. Mejor es que me salga de este cuarto de interrogación. De otra manera, terminaré matándote yo mismo. Lo único que me emociona es que no tendré que esperar demasiado, para verte ya sin vida. Pronto te pondrán el dogal, maldito: asesino y mentiroso arderán en una misma silla. 

Tarde libre

Los niños están en casa de su abuela. El esposo ha salido en viaje de trabajo. Por fin, siente que es libre de relajarse. Relajarse, sí, tomarse la tarde para ella, ver un poco de tele, escribir esa carta que desde hace rato tenía pendiente, ingerir completo el bote de pastillas. 

Los dioses

Los dioses, lastimados por su divinidad, avanzan, con su traje negro y terrible, hacia las ciudades de la incertidumbre. Estos son los dioses que enterraron a los niños, bajo un orbe de carne. Estos los dioses que acuchillaron, anteayer, a los suaves suaves santos. Dioses que borraron las pálidas galaxias, con el licor ácido de sus hocicos infinitos. Llámenlos injustos, si quieren, pero son peor que eso: son dioses, son los seres universales que no atardecen, cuyas colmenas están hechas de la piel de los inocentes. Y dado que son los únicos dioses que tienen, los inocentes los veneran. 

¿Qué se siente?

Ya en serio: ¿cómo es eso de ser eclipsado por otros mucho más inspirados, más competentes, más carismáticos que tú? Explícanos qué se siente, asqueroso anciano.

El poeta

El poeta escancia. Arranca un pecho y lo estrella contra la página. Lo deja bien vivo en las palabras. El poeta tiene un yerno y es el poema, que vive bajo el jabalí elemental. Ahí lo tienen, sin cejas, en los otros bares, escribiendo, coronado de una rosa insondable, envidiado por los mismos salmistas. Vive de cara a lo que es, sin inmunidad, artefacto del vértigo y la órbita verbal, arrancándose las costras, porque ahí debajo está la tinta. El poeta invade, absorbe. Escribe los sábados, los jueves y en las salas de espera. Cuando viene como pendejo de tantas imágenes, lo mejor es quitarse. 

Nunca nos conoceremos

Iremos varias veces al cine, sin duda. Nos regalaremos pájaros y manzanas. Nos palparemos los centros sensibles. Nos casaremos, en una noche de abril. Tendremos hijos, deudas, todo el resto. Observaremos las estrellas cada noche. Nos pondremos suavemente las vendas. Pero nunca nos conoceremos. Y será mejor así. 

El actor

Intentas memorizar la línea, pero la línea te sigue eludiendo. Siempre cabe la posibilidad de que la línea no exista. Más aún: la posibilidad de que sea parte de un guión que no ha sido escrito. Desde luego es factible que este teatro sea enteramente una ficción, que tú mismo no seas un actor, sino solo alguien que cree serlo. Esta clase de dramas se dan todos los días. 

Una carretera

Decidí hacer, con mis manos, una carretera, una que me lleve a un lugar menos sangriento. Una carretera recta o sinuosa, he decidido hacer, que me saque de esta jornada de cabezas cortadas. Una carretera hacia un lugar menos defectuoso, en donde mis niños puedan crecer sin tanta lápida a su alrededor. Una carretera para encontrar algo más que muerte, algo más que los restos de quienes no encontraron nada. 

El payaso

Este es el circo y tú eres el payaso elemental. Y todo lo estás haciendo mal y nadie ríe. Más pronto que tarde empezarán a tirarte cosas, a ultrajarte verbalmente. Un desorden, un tumulto exigirá tus huesos. Conocerás varios tajos, numerosos golpes en los riñones. Te llevarán desnudo, vapuleado, estremecido, a la jaula de los leones. ¿Quién te crees que eres, maldito? 

Western

Por supuesto que mis blancas manos sucias prefieren tocar los pechos de una prostituta usada a empuñar esta usada Colt. Mas la sigo, la seguiré empuñando. Asesinar es una costumbre. Como también lo es el fijo dolor. Sigo huyendo porque duele no huir. También porque me están buscando. Espero que me hallen pronto y me liquiden. Lo cual jamás sucederá. Lo que sucederá es que yo los liquidaré a todos, otra vez, bajo el sol lacerante y silencioso, y la sangre caerá sobre la tierra, para alegría del desierto. 

Espejo retrovisor

                           Allí 
                           estoy, 

en el espejo retrovisor
en donde no me miras, 

                           mientras 
                           te vas.

La ventana


Estás feliz: colgado
desde hace tres días,

y desde hace tres días
observas una pequeña

ventana en tu muerte azul.

Una ventana en la distancia,
que lo cierto está cerrándose.

Cuando se cierre por completo
sentirás una asfixia desconocida.

Y nuevos lápices vencerán tu aorta.

Otros turbios pescados dirán tu nombre,

a la hora dulce en que los padres celebran
el cumpleaños de su hijita, la más pequeña.

Tres días. Ya van tres días. Tres largos días. 

A nadie recomiendo morir más de la cuenta.

Nos veremos en Baltimore

Nos veremos en Baltimore,
nos veremos en la ciudad

en donde de golpe
no hay turistas,

solo madres buscando

a sus hijos

negros.

Allí están las casas abandonadas,
y en alguna dormiremos.

Para que las tarántulas

no se coman los mapas
perdidos del East Coast,

hemos de vernos,
cariño, en Baltimore:

y no respetaremos
el toque de queda.

#K

Esto pasó un día en Kenia:

         Un grupo de yihadistas de Al Qaeda
         asesinó al menos a 148 personas
         en la universidad de Garissa. 

         Los bajaron a tiros,
         durante 16 horas.

         “Disparen, disparen.”

         Cuerpos y oraciones
         se trenzaron en el polvo.

         Guantes
         de látex
        
         cubiertos
         de sangre

         oscura.

         Un sobreviviente
         relata lo ocurrido

         a la cámara:

         en su mirada,

         un árbol del horror,
         creciendo hasta el cielo. 

         Es hora de cavar profundo,
         de poner allí las rosas,

         para que los milicianos
         nunca las encuentren.
        
Hoy, por si no saben,
es Domingo de Resurrección.

La razón

Cada uno de nosotros sabe
que estás totalmente loco.

Por otro lado, tú sabes que
ninguno de nosotros existe.

¿Quién puede tener la razón?

Sincronicidad

En algún lugar
del vasto mundo,

un alud

sepulta
a 280 personas.

Simultáneamente,

una muela
se quiebra

en tu mandíbula.

Pero tu hija
de dos años

te está
agarrando

la mano.

¿No ves la relación?

Al león Cecil

Desde la gran cirrosis,

desde lo más profundo
del aparato del tedio,

el Dentista ha venido
a clavarte un invierno

en tu cuerpo noble,

luego de pagar los oros
y las tantas monedas.

Tuviste que agonizar
durante cuarenta horas,

boxeador, hacha felina,

bajo la mirada horrorizada
de miles de luciérnagas.

No veremos más tu melena,

nunca más tu lento andar
sobre la tierra amarilla.

Y ahora somos nosotros
quienes convalecemos

en el vino de tu sangre.

Hemos perdido el lazo
con el majestuoso Cecil,

y estamos tan solos
todos bajo el cielo. 

El chamán ha muerto


El viejo, el chamán, ha muerto.

Cómo vuelan las moscas,
o como quiera llamárseles,
al crepúsculo ejemplar.

¡Já!

El viejo, el verdadero,
pero nunca honrado,

chamán,

ha muerto.

Ojalá que los coyotes vengan
a buscar su cuerpo

(su cuerpo, sus nervios, sus hemisferios cerebrales)

y lo lleven nuevamente al lugar del salto,
del hiato magnífico.

Gracias maestro
por darnos la técnica laparoscópica
del infinito,

por hacernos entender
que la sed existe,

y que ante la misma hay que ser,
hay que ser impecable.

Tus tácticas, tus mentiras,
ya las conocemos: no nos asombran.

Nos siguen asombrando
las frases

desérticas
con que nos guiaste en el desierto.

Y es en los desiertos donde caminamos,
entre vértebras de brujas muertas. 

Esos seres

Esos seres (locos y entre las cosas)
siempre huyen de la Forma.

Es porque están hartos. Están súperhartos. 

Anhelan vivir en un mundo de aire.

Sin esquinas. Sin pesos. Sin transiciones.

El asunto es que se equivocan.

Los huesos, ellos saben.

Si la libertad de veras existe

Si la libertad de veras existe,
existe en tus angustiantes
niveles de glucosa.

Existe en la oficina de los abogados
donde gritaste a tu mujer.

Sin duda está presente
en el último post del Presidente

(es un miserable)

o en el cuarto en que tu madre,
vieja amiga, llora sus tumores.

Porque, realmente,

si la libertad no existe
en esos lugares,

¿de qué mierdas
sirve ser libre?

hormigas

he leído tanto
últimamente

que mi cerebro
se ha convertido en gelatina

es

como si mi masa encefálica
hubiera sido triturada

por toda esa
experiencia verbal

luego de cerrar
el último libro

quedé viendo el techo

catatónicamente

y en el techo
desfilaban pequeñas 

letritas

como hormigas

y esas hormigas
bajaron a mi rostro

y me succionaron
los ojos

Magistra Vitae

Vos querías algo
y yo quería no sé qué,

y nos terminamos peleando,
de acuerdo a los estándares
más exigentes del mercado.

Suscribo que terminaste llorando,
mientras la tarde se iba deconstruyendo,
a través del vidrio terco del departamento.

O era yo quien lloraba,
y quien de hecho salió
a caminar, enfurecido.

Según recuerdo los niños cazaban pokemones
(era agosto de 2016) en el parque de la iglesia.

Ya hemos estado aquí, me dije a mí mismo,
en la banca, comprimido contra una tristeza.

Después de una hora decidí volver.
Ya no quedaban niños en el parque.

Soñé con mi padre el otro día

Soñé con mi padre el otro día.

Nunca lo sueño, ni pienso en él.

Pero soñé con mi padre el otro día, y parecía necesitarme.

Sin embargo yo no necesito su necesidad, que es muy grande.

Nos dijeron que la vida era linda

Nos dijeron que la vida era linda:
linda, pulsante, vitaminada, digna.

También nos dijeron que la vida
hundiría en nosotros sus dientes,
nos sacaría fantásticos gritos.

Y qué emocionados estábamos
ante la perspectiva de reír–llorar.

¡Tantas nubes–espinas carniceras!

¿Era para tanto? ¿Era para tanto?

Nada se acaba de veras

Los bombillos no se apagan del todo.
Los muertos se endurecen
pero partes fundamentales de ellos permanecen
blandas.
Las gavillas nunca están tan unidas
como nos gustaría.
Los vecinos se van pero siempre están volviendo.
Te bañaste, pero estás sucio. 

Selfie

Te vi.

Te vi tomarte una selfie.

Luego dije que necesitábamos

comprar bolsas ziploc.

No me escuchaste.

Accidente

Escuché el cachimbazo.

Motorista en la acera.

Aventado por un carro.

El tipo sangraba.

Estaba consciente.

Puse una mano en su cabeza.

Todo va a estar bien, dije.

Aún si no podía saberlo.

Al rato vino la ambulancia.

La policía hacía preguntas.

Era una mañana de domingo.

La verdadera historia

LUKE, contrario a la creencia general,
no tenía talento alguno para la Fuerza,
no era bueno para manejar naves espaciales,
y además comulgaba con las ideas del Imperio.

Nunca en su puta vida conoció a su Padre.

Me llamo Joe Strummer

Esto es el ritmo que abre a los cerdos.
Tocaremos hasta que los cerdos se abran.
No queda más que arrancar el alambre de púas
y ponerlo a trabajar a favor de los sepia sincasa.
Las calles piden un grito blanco y una chaqueta negra.
En los garajes yo sé que los amplificadores sangran.
Al fondo del mezcal hay un gusano que atraviesa el plástico.
Hay que tener un poco de respeto por los viejos cassettes
en donde han quedado grabadas las canciones rojas.
Elevemos nuestras copas por el último combate.
Los barcos proletarios van cruzando el Támesis.
Estas no son las horas para claudicar, mujer.
Acá es un asunto de quitar lo que ya te quitaron,
de sustraerse a todas las maneras en que los viejos
trabajos te están quebrando la espalda individual.
Al cabo de un rato, cuando hayas terminado ese cigarro,
vas a tener que decidir si lo que quieres es salir del aceite.
Me llamo Joe Strummer, y esto es lo que está pasando.

Mordemos panes sin futuro

1

Mordemos panes sin futuro.
Caminamos en los desiertos.

Cuando lleguemos seremos
ancianos: estaremos muertos.

Cada uno trae consigo a cuestas
un pequeñísimo ataúd televisado,

para ofrendar a los monos de la sed.

2

De tanto en tanto alguien cae:
flota, succionado, hacia el sol.

3

Dicen que hay mangos reales debajo de la arena.

Que hay madres y padres, después del hierro.

Solo sé que el tren es un río y se ha secado.

+

Maurice Echeverría ha publicado los libros de poemas Encierro y divagación en tres espacios y un anexo (Editorial X, 2001), y en formato blog los libros Plegarias Mutantes (Zanate, Guatemala, 2008), Setenta y dos ángeles tullidos (Zanate, Guatemala, 2008), La glándula infinita (obra en progreso, Zanate, Guatemala, 2008), Los poemas de Saffron Lane (Zanate, Guatemala, 2008), La oreja en tu mano (Zanate, Guatemala, 2009), y Zona 3 (obra en progreso, Zanate, Guatemala, 2010). Ganador del Premio Federico García Lorca de Poesía 2006, convocado por el Centro Cultural de España en Guatemala.
 

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