La ventana


Estás feliz: colgado
desde hace tres días,

y desde hace tres días
observas una pequeña

ventana en tu muerte azul.

Una ventana en la distancia,
que lo cierto está cerrándose.

Cuando se cierre por completo
sentirás una asfixia desconocida.

Y nuevos lápices vencerán tu aorta.

Otros turbios pescados dirán tu nombre,

a la hora dulce en que los padres celebran
el cumpleaños de su hijita, la más pequeña.

Tres días. Ya van tres días. Tres largos días. 

A nadie recomiendo morir más de la cuenta.

Nos veremos en Baltimore

Nos veremos en Baltimore,
nos veremos en la ciudad

en donde de golpe
no hay turistas,

solo madres buscando

a sus hijos

negros.

Allí están las casas abandonadas,
y en alguna dormiremos.

Para que las tarántulas

no se coman los mapas
perdidos del East Coast,

hemos de vernos,
cariño, en Baltimore:

y no respetaremos
el toque de queda.

#K

Esto pasó un día en Kenia:

         Un grupo de yihadistas de Al Qaeda
         asesinó al menos a 148 personas
         en la universidad de Garissa. 

         Los bajaron a tiros,
         durante 16 horas.

         “Disparen, disparen.”

         Cuerpos y oraciones
         se trenzaron en el polvo.

         Guantes
         de látex
        
         cubiertos
         de sangre

         oscura.

         Un sobreviviente
         relata lo ocurrido

         a la cámara:

         en su mirada,

         un árbol del horror,
         creciendo hasta el cielo. 

         Es hora de cavar profundo,
         de poner allí las rosas,

         para que los milicianos
         nunca las encuentren.
        
Hoy, por si no saben,
es Domingo de Resurrección.

La razón

Cada uno de nosotros sabe
que estás totalmente loco.

Por otro lado, tú sabes que
ninguno de nosotros existe.

¿Quién puede tener la razón?

Sincronicidad

En algún lugar
del vasto mundo,

un alud

sepulta
a 280 personas.

Simultáneamente,

una muela
se quiebra

en tu mandíbula.

Pero tu hija
de dos años

te está
agarrando

la mano.

¿No ves la relación?

Al león Cecil

Desde la gran cirrosis,

desde lo más profundo
del aparato del tedio,

el Dentista ha venido
a clavarte un invierno

en tu cuerpo noble,

luego de pagar los oros
y las tantas monedas.

Tuviste que agonizar
durante cuarenta horas,

boxeador, hacha felina,

bajo la mirada horrorizada
de miles de luciérnagas.

No veremos más tu melena,

nunca más tu lento andar
sobre la tierra amarilla.

Y ahora somos nosotros
quienes convalecemos

en el vino de tu sangre.

Hemos perdido el lazo
con el majestuoso Cecil,

y estamos tan solos
todos bajo el cielo. 

El chamán ha muerto


El viejo, el chamán, ha muerto.

Cómo vuelan las moscas,
o como quiera llamárseles,
al crepúsculo ejemplar.

¡Já!

El viejo, el verdadero,
pero nunca honrado,

chamán,

ha muerto.

Ojalá que los coyotes vengan
a buscar su cuerpo

(su cuerpo, sus nervios, sus hemisferios cerebrales)

y lo lleven nuevamente al lugar del salto,
del hiato magnífico.

Gracias maestro
por darnos la técnica laparoscópica
del infinito,

por hacernos entender
que la sed existe,

y que ante la misma hay que ser,
hay que ser impecable.

Tus tácticas, tus mentiras,
ya las conocemos: no nos asombran.

Nos siguen asombrando
las frases

desérticas
con que nos guiaste en el desierto.

Y es en los desiertos donde caminamos,
entre vértebras de brujas muertas. 

Esos seres

Esos seres (locos y entre las cosas)
siempre huyen de la Forma.

Es porque están hartos. Están súperhartos. 

Anhelan vivir en un mundo de aire.

Sin esquinas. Sin pesos. Sin transiciones.

El asunto es que se equivocan.

Los huesos, ellos saben.

Si la libertad de veras existe

Si la libertad de veras existe,
existe en tus angustiantes
niveles de glucosa.

Existe en la oficina de los abogados
donde gritaste a tu mujer.

Sin duda está presente
en el último post del Presidente

(es un miserable)

o en el cuarto en que tu madre,
vieja amiga, llora sus tumores.

Porque, realmente,

si la libertad no existe
en esos lugares,

¿de qué mierdas
sirve ser libre?

hormigas

he leído tanto
últimamente

que mi cerebro
se ha convertido en gelatina

es

como si mi masa encefálica
hubiera sido triturada

por toda esa
experiencia verbal

luego de cerrar
el último libro

quedé viendo el techo

catatónicamente

y en el techo
desfilaban pequeñas 

letritas

como hormigas

y esas hormigas
bajaron a mi rostro

y me succionaron
los ojos

Magistra Vitae

Vos querías algo
y yo quería no sé qué,

y nos terminamos peleando,
de acuerdo a los estándares
más exigentes del mercado.

Suscribo que terminaste llorando,
mientras la tarde se iba deconstruyendo,
a través del vidrio terco del departamento.

O era yo quien lloraba,
y quien de hecho salió
a caminar, enfurecido.

Según recuerdo los niños cazaban pokemones
(era agosto de 2016) en el parque de la iglesia.

Ya hemos estado aquí, me dije a mí mismo,
en la banca, comprimido contra una tristeza.

Después de una hora decidí volver.
Ya no quedaban niños en el parque.

Soñé con mi padre el otro día

Soñé con mi padre el otro día.

Nunca lo sueño, ni pienso en él.

Pero soñé con mi padre el otro día, y parecía necesitarme.

Sin embargo yo no necesito su necesidad, que es muy grande.

Nos dijeron que la vida era linda

Nos dijeron que la vida era linda:
linda, pulsante, vitaminada, digna.

También nos dijeron que la vida
hundiría en nosotros sus dientes,
nos sacaría fantásticos gritos.

Y qué emocionados estábamos
ante la perspectiva de reír–llorar.

¡Tantas nubes–espinas carniceras!

¿Era para tanto? ¿Era para tanto?

Nada se acaba de veras

Los bombillos no se apagan del todo.
Los muertos se endurecen
pero partes fundamentales de ellos permanecen
blandas.
Las gavillas nunca están tan unidas
como nos gustaría.
Los vecinos se van pero siempre están volviendo.
Te bañaste, pero estás sucio. 

Selfie

Te vi.

Te vi tomarte una selfie.

Luego dije que necesitábamos

comprar bolsas ziploc.

No me escuchaste.

Accidente

Escuché el cachimbazo.

Motorista en la acera.

Aventado por un carro.

El tipo sangraba.

Estaba consciente.

Puse una mano en su cabeza.

Todo va a estar bien, dije.

Aún si no podía saberlo.

Al rato vino la ambulancia.

La policía hacía preguntas.

Era una mañana de domingo.

La verdadera historia

LUKE, contrario a la creencia general,
no tenía talento alguno para la Fuerza,
no era bueno para manejar naves espaciales,
y además comulgaba con las ideas del Imperio.

Nunca en su puta vida conoció a su Padre.

Me llamo Joe Strummer

Esto es el ritmo que abre a los cerdos.
Tocaremos hasta que los cerdos se abran.
No queda más que arrancar el alambre de púas
y ponerlo a trabajar a favor de los sepia sincasa.
Las calles piden un grito blanco y una chaqueta negra.
En los garajes yo sé que los amplificadores sangran.
Al fondo del mezcal hay un gusano que atraviesa el plástico.
Hay que tener un poco de respeto por los viejos cassettes
en donde han quedado grabadas las canciones rojas.
Elevemos nuestras copas por el último combate.
Los barcos proletarios van cruzando el Támesis.
Estas no son las horas para claudicar, mujer.
Acá es un asunto de quitar lo que ya te quitaron,
de sustraerse a todas las maneras en que los viejos
trabajos te están quebrando la espalda individual.
Al cabo de un rato, cuando hayas terminado ese cigarro,
vas a tener que decidir si lo que quieres es salir del aceite.
Me llamo Joe Strummer, y esto es lo que está pasando.

Mordemos panes sin futuro

1

Mordemos panes sin futuro.
Caminamos en los desiertos.

Cuando lleguemos seremos
ancianos: estaremos muertos.

Cada uno trae consigo a cuestas
un pequeñísimo ataúd televisado,

para ofrendar a los monos de la sed.

2

De tanto en tanto alguien cae:
flota, succionado, hacia el sol.

3

Dicen que hay mangos reales debajo de la arena.

Que hay madres y padres, después del hierro.

Solo sé que el tren es un río y se ha secado.

Umberto sale a caminar

Umberto ha leído graves libros antiguos,
a lo largo del día, sobre su preferida poltrona.

Ahora, con el puro apagado en la boca,
sale de su casa, el sombrero puesto,
sale como cada tarde o cada noche
–con un bastón empírico y ejemplar.

Enfila pues por la calle intelectiva,
en donde él saluda y es saludado,
hasta llegar al café en donde algo pide
y recuerda el aforismo de otro escritor.

Terminado el momento, emprende el camino
de vuelta, pero, realmente no sabe cómo,
se pierde: esto le ocasiona cierta vergüenza. 

Deambula entre lugares para él desconocidos,
edificios, arquitecturas, monumentos ignotos,
fachadas cambiadas, un inventario de misterios.

¿Es esto Milán, desde luego se pregunta?

(No se escucha más el sonido de su bastón.)

Por fin cree reconocer una calleja.
Pero resulta que no es calleja alguna,
sino el pasillo de una biblioteca inacabable,
con inacabables y blanquísimos anaqueles,
y cada libro es ya un rumor, y es ya un eco.

Tenía razón el otro, piensa: esto es el paraíso.

Sin refugio

Esta noche el frío es tremendo, y caminas y caminas con tus cosas 
a cuestas
por las calles de resina que son como sueños

de la ciudad–cangrejo.

¿Qué querrá decir exactamente que un semáforo cambie de color 
en el momento preciso que alguien abre la puerta del carro 

a una prostituta sin dedos? Nada: 

no quiere decir nada.

Quiere decir que tú estás verazmente solo, quiere decir que continúas caminando, 
a lo bestia, traspasando óvulos de bruma o de muerte, hasta sangrar 

por las orejas. 
Quiere decir que tú, que nunca lloras, hoy podrías llorar, amigo.

Y es cuando comprendes: esta noche no llegarás al refugio.
Todas las fechas vencidas se han juntado en tu garganta.

Una enfermedad terminal comienza a dolerte en el hueso.

Pareciera como si del otro lado del muro están violando a alguien

Pareciera como si del otro lado
del muro están violando a alguien.

¿No les parece que están violando
a alguien del otro lado del muro?

Pareciera que un emperador nocturno,
de barriga descomunal, icónica,
está montando a una niña.

Podríamos decir que ella
está siendo desgarrada
por un mar de hombres.  

Y hay que suponer que es sangre
eso que sale de su vagina.

(Grito: golpe: sangre: grito.

Sangre: golpe: golpe: grito.

Sangre: sangre: sangre: sangre.)

La niña es ya un párpado deformado,
hay que suponer. Hay que suponer

que la niña quiere comunicar algo,
que todos esos alaridos insólitos
quieren comunicar alguna cosa.  

Y pareciera que estuviera riendo,
cuando de hecho está llorando.

Y pareciera que estuviera pidiendo más,
cuando de hecho está pidiendo ayuda.

Y pareciera que del otro lado del muro
están violando a alguien, pero nadie
dice nada, y nadie brinca el muro,
y los gritos desgarran la noche, otra vez. 

Y todos tenemos miedo. 

Los medios hábiles

“Para vivir afuera de la ley
tienes que ser honesto”

Dylan

Nos dimos cuenta que nada había cambiado,

que todas las jaulas estaban intactas,
que todas las casas continuaban ardiendo,
que todas las tribus seguían iguales,

pudriéndose a la orilla del río.

Lo que necesitábamos eran mejores rutas,
otros estilos, más distinguidos, de acción.

Así que empezamos a probar distintos arpones,
variables alfabetos para decir las cosas, nuevas
maneras de transformar a los seres de la niebla.

¿Estábamos arriesgándonos? Sí, definitivamente.

Hay toda clase de riesgos cuando haces las cosas
fuera de los circuitos, fuera de los códigos usuales.

Es por lo mismo que tu honestidad debe ser impecable.

De otra manera solo traerás más ruina y más error.

Pero si eres suficientemente auténtico,
entonces todas las puertas se abrirán
dentro de ti –para que otros entren.

+

Maurice Echeverría ha publicado los libros de poemas Encierro y divagación en tres espacios y un anexo (Editorial X, 2001), y en formato blog los libros Plegarias Mutantes (Zanate, Guatemala, 2008), Setenta y dos ángeles tullidos (Zanate, Guatemala, 2008), La glándula infinita (obra en progreso, Zanate, Guatemala, 2008), Los poemas de Saffron Lane (Zanate, Guatemala, 2008), La oreja en tu mano (Zanate, Guatemala, 2009), y Zona 3 (obra en progreso, Zanate, Guatemala, 2010). Ganador del Premio Federico García Lorca de Poesía 2006, convocado por el Centro Cultural de España en Guatemala.
 

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