Puertas abiertas y cuartos vacíos

Y adentro de cada cuarto un caballo
pidiendo alguna clase de plegaria, una niña
y alguien filmándola, y aún hoy esa sensación
de haberte visto viendo algo por la ventana.

Tantas puertas abiertas y cuartos vacíos,
en donde a veces nos hicimos la vida imposible,
y nos enteramos de nuestras mutuas debilidades,
y ocurrió y es como si ocurriera ahora mismo
el milagro -anulados los juegos baratos- del amor,
con sus efectos kármicos umbilicales,
alterando los planos y subplanos y los minúsculos planos.

Cuartos vacíos, con bombillos de sangre,
cuartos vacíos en donde crecen los edificios pudriéndose,
y donde se pudren los cuartos creciendo,
más solos por dentro que nunca, y un caballo pide a gritos un tiro,
y te recuerdo topándote con la esquina bella de un mueble,
pero se ha acabado la era de los muebles,
sólo queda un caballo, una niña, aviones, una laptop.

Te recuerdo como inútil viendo algo por la ventana,
como alguna clase de paciente amoratada,
siempre te recordaré en esa luz que lloraba por ti
mientras tú reías, apelando a todas las toxicidades
de la felicidad, sin incordios, lo mismo loca que santa,
difusa a la hora en que los aeropuertos sueltan
su aullido esencial, y te busco en el cuarto,
en donde sólo hay un caballo, una niña, una laptop,
un bombillo herido por donde gotea la sangre
astrológica de los tiempos vacíos de los cuartos vacíos.

Hay cosas ocurriendo en el departamento
ahora que no estás, cosas que tienen que ver con el óxido,
cosas que tienen que ver con viejos archivos metálicos
en donde han quedado los bebés nunca concebidos,
cosas que tienen que ver con lo posible y lo imposible,
y con un caballo y con un tórax de donde salen
pequeños líquidos viejos, y alli están todas esas presencias
envueltas en bolsas de náilon, y a la vez nada,
ni siquiera una niña, ni siquiera una laptop, ni siquiera un bombillo
anunciando el fin de la era de los muebles,
ni siquiera un nombre destejiéndose en la madrugada,
ni siquiera vos viendo los aviones ocres por la ventana.

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Maurice Echeverría ha publicado los libros de poemas Encierro y divagación en tres espacios y un anexo (Editorial X, 2001), y en formato blog los libros Plegarias Mutantes (Zanate, Guatemala, 2008), Setenta y dos ángeles tullidos (Zanate, Guatemala, 2008), La glándula infinita (obra en progreso, Zanate, Guatemala, 2008), Los poemas de Saffron Lane (Zanate, Guatemala, 2008), La oreja en tu mano (Zanate, Guatemala, 2009), y Zona 3 (obra en progreso, Zanate, Guatemala, 2010). Ganador del Premio Federico García Lorca de Poesía 2006, convocado por el Centro Cultural de España en Guatemala.
 

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